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| Historia de Marbella |
Encontrar el ambiente adecuado en Marbella, por muy raros o sofisticados que sean los gustos, no será de gran dificultad para el viajero. En la ciudad han sabido mezclarse una gran diversidad de elementos que conviven en armonía, respetándose sus diferentes características.
Durante el día, es posible que en la calle más escondida se encuentre con algùn establecimiento en el que poder apreciar los vinos de la tierra y algunas especialidades gastronómicas para degustar en compañia de unos vecinos abiertos y adaptados a las más variadas culturas que han dejado su sello en la ciudad.
En el Casco Urbano el tiempo tiene a las horas del mediodia una cadencia distinta a la que marca el reloj, para poder apreciar las características que definen a la población en su vida diaria.
Por la noche se diversifican las formas de diversión para ofrecer un amplio abanico de posibilidades. Gran parte de las actividades se centran en los puertos deportivos.
El Puerto Deportivo de Marbella, con un ambiente eminentemente joven, aunque con ofertas para todas las edades. Especialmente los fines de semana registra un frenético movimiento que se extiende hasta los alrededores del recinto.
En el Puerto José Banús, la variedad es mucho mas amplia, con bares, restaurantes, discotecas, pubs y salas para todos los gustos, edades y precios. El ambiente es internacional.
Para los que busquen un rincón flamenco, encontrarán en el casco antiguo algunos pequeños locales en los que apreciar este arte, sin aglomeraciones..
Los más exóticos también disponen de folclore de varios paises de Oriente repartidos en algunas urbanizaciones, mientras que los ritmos caribeños salpican los más insospechados lugares del término municipal.
Los que busquen el lujo cuentan con salas apropiadas en los hoteles de cinco estrellas, algunas de ellas centro de la “jet-set” que ha marcado diversas etapas de la vida nocturna de la ciudad. En todo caso, también es posible la sorpresa si se prefiere la aventura de recorrer detenidamente las estrechas calle del casco antiguo.
La extendida especie de que Marbella es un municipio surgido prácticamente de la nada, un pueblito de pescadores sin historia ni raices que tan solo debe su nombre y su marbete al desarrollo turístico, constituye una de las falacias más sangrantes, y no por ello menos extendida, sobre esta ciudad.
Marbella tiene fuste histórico, su creación se remonta a más de un milenio antes de Cristo y nunca fué una aldeilla que vivía de las sardinas que cosechaban sus redes. hasta en el pasado más cercano, siguió siendo siempre una ciudad importante que, en todo caso, vivía de su campo, de su agricultura y de su minería. El desarrollo turístico, su fama internacional más que merecida, se la ganó después.
No obstante, resulta difícil situar los orígenes de la ciudad que unos eruditos identifican con la Mainake griega, otros con la Salduba romana, y otros con la Cilniana, también romana, aunque ésta estaría más cerca del actual San Pedro Alcántara. Tolomeo y el historiador romano Pomponio Mela ya hablaban de Salduba, una ciudad situada cerca de Malaca (Málaga) y Laccipo ( al norte de la actual Casares). Lo que es indudable, polémicas de nomenclatura aparte, es que ya existía un nucleo urbano importante en tiempos romanos y que, seguramente, el asentamiento era aún más antiguo. De hecho, por remontarse a tiempos remotos, en los alrededores de la ciudad, como en la cueva de Pecho Redondo, se encontraron restos neolíticos de entidad. Los vestigios romanos encontrados certifican qu e ya contábamos con una ciudad de considerables dimensiones. Uno de los primeros historiadores que se interesaron por nuestro pasado, Vazquez Clavel en el siglo XVII, halló en sus excavaciones, termas en la calle Muro, cimientos en las calles Carmen y Ortiz de Molinillo, monedas y vasijas en las obras de renovación del antiguo ayuntamiento, y unas pilas de forma cuadrada en la propia plaza de los Naranjos.
ROMA.
Fernando Alcalá, cronista oficial de la ciudad coincide con la apreciación de su compañero y sostiene que el casco antiguo medieval se levantó sobre las ruínas de una ciudad romana, que identifica con Salduba, cuyos elementos serían posteriormente reutilizados ( por ejemplo en su castillo, en el que se aprovecharon sillares y hasta un capitel jónico para sus murallas) por los árabes.
Pero hay más vestigios romanos en el término municipal, como las termas romanas situadas al sur de San Pedro Alcántara, o la villa romana de Rio Verde. Las termas conocidas popularmente como Las Bóvedas, parecen pertenecer, según las últimas excavaciones realizadas, a una antigua mansión de recreo de finales del imperio romano. La hacienda era grande, contaba con acueductos para allegar agua a la finca y a los baños y, probablemente, según los restos hallados en las catas, mantenía una industria de salazones. Posiblemente el preciado “garum” romano. Hoy se conservan las bóvedas de la terma (de ahí su nombre). La villa romana, que fuera excavada en la margen de rio Verde por el arqueólogo Carlos Posac, mantiene en bastante buen estado alguno de sus mosaicos, entre los que destacan sus motivos culinarios y su motivo central La Gorgonia.
Otro de los monumentos históricos más destacables de Marbella es la basílica paleocristiana de Vega de Mar, de interés arqueológico nacional con su doble abside. Este excelente hallazgo arqueológico fué realizado en 1930 por el profesor Pérez de Barrada. Se trata de un pequeño templo que se data en el siglo IV después de Cristo.
MARBELLA MUSULMANA.
Los musulmanes, que invadieron la península en el siglo VIII, reconocieron el valor estratégico de la población. En el siglo XII, el historiador Al Idrisi la definía como “una ciudad pequeña pero bien habitada”. Su población se calculaba en estos tiempos en unos 3.000 habitantes. Los musulmanes la fortificaron y sus numerosos vestigios han perdurado, con desigual suerte, hasta nuestro dias. El más importante es, sin duda, el Castillo, bastión de la ciudadela. El recinto amurallado de la medina reunía unos 90.000 metros cuadrados de calles. Además, todo el litoral contaba con varias torres almenaras (de señales) que permitían vigilar las incursiones procedentes del otro lado del Mediterráneo. Posteriormente, los Reyes Católicos y Carlos V reconstruyeron algunas y mandaron levantar otras con un fin similar aunque en este caso vigilaban a la propia Berbería. Marbella era en tiempos árabes ciudad de huertas y cultivos entre los que sobresalían por su fama los higos y frutales. También había numerosas moreras dedicadas a la seda. El Castillo se considera, según Fernando Alcalá, una obra califal del siglo X, que fué ampliado en periodo nazarí.
Carlos Posac cree que en algunos de sus testeros se utilizarón restos de templos romanos, el perímetro fortificado de la ciudad presentaba tres puertas, de Ronda de Málaga y del Mar, nombres que aún permanecen en la toponimia local.
El rey Fernando El Católico, en su avance hacia Granada, conquista la ciudad con facilidad el 11 de Junio de 1.485. desde entonces, el santo que se honra este dia, el chipriota Bernabé, se convierte en patrono de la ciudad y el lugar en que el caudillo moro entrega las llaves al rey, se denomina Cruz de Humilladero. Pese a lo que comúnmente se cree, el nombre se debe a que fué el propio Fernando quien se humilló para dar gracias a Dios por haber tomado la ciudad sin derramamiento de sangre, y no a que lo hiciera el rey moro en señal de sumisión.
FORTIFICACION.
Los Reyes Católicos deciden reforzar las defensas de la ciudad. que también experimentó grandes cambios interiormente. Alcalá destaca la construcción de varias capillas, del convento de la Santísima Trinidad, casi pegado a las murallas y del que hoy se conservan apenas unas maltrechas arcadas, y del Hospital de San Juan de Dios, destinado a los forasteros enfermos. En la plaza de los Naranjos se erige la ermita de Santiago y en los exteriores el convento de San Francisco, ya demolido. Se abren nuevas calles, entre las que destacaría la calle Nueva que enlazaba con la puerta del Mar y daba acceso a La Marina.
Otras obras destacables son el hospital Alonso de Bazán, construido por el que fuera alcaide en 1.568 y que hoy se ha convertido en el Museo del Grabado Español Contemporáneo y sede de la Delegación de Cultura, y la cárcel. De esta última, tampoco queda ningún vestigio ya que allí se levantó el nuevo Ayuntamiento y del antiguo se conserva su sala capitular, con un bello artesonado, y varios murales en lo que hoy es despacho de la Alcaldía, hace unos años museo municipal y en el siglo XVII sala de justicia. Los frescos al temple representan a las santas Justa y Rufina, un cristo crucificado y un escudo imperial de España.
La iglesia de la Encarnación, cuyo campanario fué durante lustros el punto más alto de la ciudad, se edificó en 1.618. Los Austrias impulsaron tambien el desarrollo de la ciudad y de este periodo se conservan vestigios importantes como la casa del corregidor, en la propia plaza de los Naranjos, y muchas mansiones con sus característicos miradores.
Marbella continúa su crecimiento en el siglo XVIII con la creación del barrio de San Francisco con calles tan emblemáticas como Ancha o Lobatas. En la Marina se levanta el Fuerte de San Luis, sobre el que ahora está construido el Hotel El Fuerte. A mediados de este siglo, el casco urbano de Marbella cuenta con 820 casas, de las que solo 14 estaban en ruinas o deshabitadas. Surgen nuevas iglesias como la del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, en la calle Ancha, o la del Calvario en el parque del mismo nombre, ya fagocitada por el desarrollo de la ciudad. El proyecto para reforzar las defensas del Castillo se elabora en 1735 y los primeros viajeros ingleses se asoman a su belleza. Francis Carter señala que Marbella “tiene una situación extremadamente agradable”.
EMPUJE INDUSTRIAL.
En el siglo XIX la ciudad se ensancha hacia el barrio Nuevo, hoy conocido simplemente por el barrio, junto al arroyo de Las Represas. Se acometen numerosas obras públicas, como edificios, calles y puentes. El crecimiento está muy ligado a la desaparición de los corsarios, lo que permitía a Marbella traspasar su recinto amurallado. Pero el gran empuje será industrial, a manos privadas, con la creación de las ferrerías de La Concepción, montada por la familia Heredia, y la de El Angel, obra de los Ejiró. Trabajaban en ellas mas de mil jornaleros. La otra colonia, ésta de marcado carácter agrícola, fué fundada en 1870 por Manuel Gutierrez de la Concha, marqués del Duero, en lo que sería el germen del actual San Pedro Alcántara. La ciudad, pese a que para muchos es desconocido, contó así con los primeros altos hornos de España.
Pero el negocio, una vez que se esquilmó el bosque aledaño de sierra Blanca para alimentarlos, terminó por abandonarse. Marbella se dota de alumbrado, primero con reverberos (1.845) y ya a finales de siglo con luz eléctrica. La farola ahora situada en la plaza Virgen de Africa y antes en la del Ayuntamiento tiene fecha de 1.886. Alcalá Marín, a cuyos amenos trabajos de recopilación histórica hay que acudir ineludiblemente, considera que el hecho mas “venturoso” de la historia de Marbella en este siglo lo constituyeron las colonias de San Pedro y El Angel.
San Pedro Alcántara contaba en sus inicios con 10.000 hectáreas y se convirtió en una de las colonias agrícolas modelo de la España de este tiempo, tanto por su organización como métodos de producción con la introducción de la primera maquinaria en el campo. Allí se probó el primer tractor a vapor. La colonia inicial la formaban 146 casas con casi un millar de labriegos. Se construyeron pantanos y acequias y la colonia adquirió entidad de pueblo,con sus órganos de administración y seguridad propios. La ferrería de El Angel fue reconvertida en feraz colonia agrícola. Sus productos, sobre todo sus maravillosas naranjas, son un elemento más de la memoria colectiva del pueblo.
LA MARINA.
Paralelamente, se desarrolla La Marina, la zona sur de la ciudad, de la que ya existían vestigios romanos. Cuenta con varios almacenes de salazones y existía una torre denominada de La Mar. Son múltiples los testimonios que hablan de la belleza de la ensenada de Marbella. El fuerte de San Luís fué terminado en 1.725. Contaba con puente levadizo pero desapareció en la guerra de la Independencia. Cuando se retiraron los franceses, lo dinamitaron. Apenas si queda el resto de un torreón en los jardines del actual hotel. El primer proyecto de puerto se quedaría en el denominado muelle de piedra que se iniciaría en 1.818, en tiempos de Fernando VII. Su construcción fué dificultosa y en 1.830, cuando apenas si tenía 100 metros,se abandonaron los trabajos.
Otro muelle importante será el de hierro, construido por la compañia “The Marbella Iron Ore C. L.” que explotaba la mina de hierro del Peñoncillo. El pantalán para carga y descarga del mineral tenía 344 metros y se asentaba en el centro de La Rada, en lo que hoy sería la bajada de Miguel Cano. La mina, otro vestigio del señero desarrollo industrial de la Marbella del XIX, terminó cerrándose y el muelle de hierro fue desguazado y vendido como chatarra en 1.934. Marbella también contaba con un viejo faro, situado donde hoy se levanta el nuevo, que fué construido a mediados de siglo. Hacia 1.955 logró por fin levantarse el primer puerto, que fué pesquero, junto con el barrio de pescadores de La Bajadilla.
SIGLO XX.
El desarrollo de Marbella acabaría en el siglo XX con algunas de la estampas idílicas de la ciudad ; su paseo de Guadalpin, la zona de La Fontanilla con todo el litoral diáfano, y la antigua Alameda, centro de la vida urbana de la ciudad con su jaula y sus diligencias. No obstante se levantan otros edificios como la plaza de toros, el casino, el teatro principal y los primeros hoteles como El Comercial (1.918) o el Miramar (1.935). El despegue turístico se producirá restañadas las primeras heridas de la Guerra Civil con iniciativas como la de Ricardo Soriano, marqués de Ivanrey, pionero donde los haya, que crea las ventas y albergues del Rodeo. Luego llegarían El Fuerte, el Marbella Club, el Golf Guadalmina, el San Nicolás y el Don Pepe o Los Monteros.
Surgen también, como producto de la venta parcelada de las colonias de San Pedro y El Angel, los primeros grandes complejos turísticos, entre los que destaca el de Guadalmina, creado por Norberto Goizueta, o el de Nueva Andalucia, promovido por José Banús. Su puerto deportivo, construido hace unos 25 años, se convirtió en el más importante de España. Luego llegaron más puertos, como el Deportivo de Marbella o Cabopino, y una decena de campos de golf y cientos de urbanizaciones de lujo. El desarrollo del supuesto pueblecito de pescadores, apenas una aldea sin oficio y beneficio para la másatrevida de las ignorancias, es hoy el mascarón de proa del turismo nacional. Una historia de futuro que aún está por escribir pero que, como queda relatado, tuvo los cimientos sólidos de una ciudad con solera que puede sentirse orgullosa de su pasado. De su larga historia.
No me atrevería a decir, que los ultimos 25 años de la vida de Marbella, sean los más importantes de su historia, pero si que en este tiempo, esta ciudad determina su vocación turística y convierte su caminar pausado, de pueblo placentero, en un decidido paso que transforma sus estructuras para convertirla en unas de las ciudades más pujantes del turismo internacional.
Grandes hoteles, campos de golf, puertos deportivos, nueva autovias, etc, van a dar posibilidades al fenónemo económico más importante de la ultima parte del siglo. Junto a ello, la gastronomía inicia su importante ciclo de evolución y arranca allí por el año 69, cuando se empiezan a degustar en Santiago, los primeros asados y ostras y en La Fonda, entonces hotel-restaurante, una híbrida cocina inglesa hace su aparicion. Don Benito introduce su cocina francesa con el predominio de su raya a la manteca y otros platos que consiguen poner su restaurante muy de moda. Tambien los hermanos Carleton con el Derby y más tarde el Cenador, ocupan sitio importante.
Mención aparte merece Paul Schiff con la Hacienda, verdadero genio de la cocina en la zona, que contribuye en forma extraordinaria a su desarrollo. Hay que considerarle como verdadero maestro, que forma una escuela de profesionales del arte culinario.
Beni en Puerto Banus, una verdadera joya, donde se trabajaba con particular estilo y que lastimosamente se perdió. Antonio con su cocina tradicional, conservador de esencias.
Desaparecido Beni, Pepito y Fermín Muñoz, uno de los grandes profesionales de la zona que se hace cargo del antiguo Cipriano, ocupan su lugar.
La pujanza de Puerto Banus, con restaurantes griegos, thailandeses, chinos, caribeños, franceses, italianos etc, es un verdadero canto a la cocina internacional.
La Fonda uno de los grandes de España, con un marco excepcional, al igual que Marbella Club, forman parte destacada de esta extraordinaria etapa de la cocina de Marbella.
Pertenece a este tiempo una transformación en profundidad de los gustos más sencillos del pasado. De las cartas mas usuales de aguacates con gambas y steak a la pimienta, platos comunes de entonces, se pasa a una cocina más elaborada de acuerdo con la demanda del momento, donde Horcher y Paul Schiff inician la introducción de la nouvelle cuisine y bajo su batuta inicio la aventura más grande de mi vida, la instalación de La Meridiana, que en poco tiempo, a pesar de haber empezado con aspiraciones más modestas, se convierte a base de ilusión y trabajo en uno de los referentes más destacados de la cocina de la zona, que empieza a figurar en las guias más afamadas del sector.
La influencia de la nueva cocina en esta etapa, modifica los hábitos y adquiere especial importancia la presentación. Diferentes hierbas, ya comunmente utilizadas en otros paises, empiezan a ser frecuentes aquí. Emerge de nuevo, aunque transformada, acomodandose al tiempo, la cocina andaluza, de la mano de Paul Schiff y La Meridiana, ahora ya rodeada de un marco espléndido y el adecuado servicio a la demanda de un pùblico cada vez más exigente, acostumbrado a comer bien en casa, viajar por todo el mundo y a comparar, al que es imposible darle gato por liebre.
La aparición hacia el año 85 del Portalón y el Rodeito, complementan la extraordinaria oferta de las más diversas cocinas, que hasta entonces habian estado escasos de asadores de categoría, genuinos representantes de una importante parte de la cocina española.
La celebración de las jornadas gastronómicas que Santiago organiza cada año, con lo más selecto de los restauradores españoles, ha contribuido tambien notoriamente a elevar el nivel de la cocina de la zona.
La tendencia actual de la que me siento impulsor y seguidor, nos lleva nuevamente a la cocina mediterránea, con platos más ligeros, donde destacaría las ensaladas como primer plato, lo que obliga a una carta de seis o siete ensaladas, con vieiras, foies, mariscos, etc.
El toque importante vendrá siempre de la mano del mejor aceite de oliva y del mejor vinagre, sin olvidar que solo los productos de la mejor calidad nos pueden ofrecer unos platos excepcionales.
Desaparecen en este tiempo las salsas y natas. Un solo plato con nata, existe, por ejemplo en nuestra carta de primavera, las carnes son menos elaboradas, asados, sobre todo, aunque se siguen conservando recetas de los mejores cocineros, a pesar de que la tendencia actual es de dieta más ligera que permita levantarse de la mesa sin encontrarse pesado.
No podemos olvidar el remate de esos excepcionales postres de esta cocina, que ofrece algo tan exquisito como el pequeño vacherin, merengue, helado de nougat, fresas del bosque, salsa de frambuesa, terrina de chocolate blanco y negro, tarta de coco con pera, la famosa Pavlova, típica de La Meridiana, y ese excepcional frutero que en forma permanente ofrece la huerta andaluza.
Los vinos, parte esencial de la buena mesa, que en la misma forma han ido evolucionando, ofrecen toda la riqueza de la bodega española, donde La Rioja, y Ribera del Duero aportan los mas variados y ricos caldos para los paladares más exigentes, sin olvidar algunos del Penedés. A nivel personal renuncio al uso de vinos extranjeros, californianos, italianos, chilenos, etc, por considerar que nuestros vinos cubren la mas variada gama y solo por necesidad acepto en mi carta algun vino francés para atender a determinada clientela.
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